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Ordenan la esposa “ama a su marido” sin la prescripción agregada “como
Cristo amó la iglesia”.
Tit 2:3-4
Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no
calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que
enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos..
Se
parecería extraño decir a una esposa y a una madre amar a sus niños y a
su marido. El amor de la palabra para el marido es “agapao” pero el amor
de la palabra para la esposa es “phileo” y cotizamos a Thayer otra vez;
““el phileo” =
1)
al amor, 1a) a aprobar de, 1b) a como, 1c) a la sanción, 1d) a tratar
cariñosamente o amablemente, dar la bienvenida, sea
un amigo, 2) para demostrar muestras del amor, 2a) al beso, 3) de estar
encariñado con hacer, y 3a) sea no, uso de hacer”.
Las esposas tienen mucho trabajo a hacer en el hogar que asegura a sus
niños crecen para arriba en cuidar, aceptando el ambiente donde se da y
se recibe el afecto. Un hogar emocionalmente seguro donde están
aprobados, befriended y tratados los niños pues los compañeros son
conducentes a la disciplina y a la advertencia y uno en los cuales el
respecto o el miedo del señor se considera en el respecto dado por la
esposa al marido.
La esposa debe de la misma forma amar a su marido, ella debe befriend
lo, para demostrar su respeto para él, para compartir casero un beso (sí,
delante de los niños), para aprobar de sus acciones, recomendarlo, para
participar con él en esas cosas que él goza, para ser la reunión de la
ayuda, compañero que la diseñaron para ser. Cuando un marido ama a su
esposa como Cristo amó la iglesia entonces un phileo de la poder de la
esposa tan fácilmente él y a sus niños. El Oh, y recuerda, su “amor”
está en la sumisión. |
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